SÓLO LLEGAMOS A LA META CUANDO NOS DECIDIMOS


Con las ganas de abrazar a mi familia, y estar cerca de ellos, creo que me arriesgué viajando a Estados Unidos durante la pandemia. También pude después de muchos meses de encierro o sea el confinamiento, entender un poco más de esta cruel epidemia que está acabando con las vida de la gente, con los sueños y con lo más lindo que es el contacto.


Mi viaje para diciembre, celebrar la navidad y fin de año, creo que fue necesario. Aprendí a resignarme durante 4 horas de viaje a una ingesta de comida, pues en los aviones ya no te ofrecen el refrigerio, apenas una galleta y una botella de agua. Aprendí a leer los ojos de los que se quieren comunicar contigo. Aprendí mucho de la gente que también quiere un nuevo mundo.


Cuando despedimos el 2020, tuve la sensación que nunca existió, no recuerdo haber firmado cheques; no recuerdo haber ido a celebraciones de cumpleaños ni actos sociales; no recuerdo que haya vivido en medio de la zozobra.


Ahora que me siento a escribir, me parece que el camino estuvo siempre ahí, muy aplanado para transitar; muy silencioso como para no escuchar el llanto de la tristeza y los lamentos por las pérdidas. Pero sobre esas piedras caminé, hasta llegar a mi destino, sana y salva con las ganas de seguir luchando y construyendo mi historia.


Entradas Recientes

Ver todo